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Érase una vez en Torremolinos

Imaginemos un instituto en el que un grupo bastante numeroso del claustro de profesores está descontento con la labor que realiza en el centro el equipo directivo y con los resultados que obtiene el alumnado.

Así, el grupo empieza a reunirse con vistas a elaborar un proyecto de centro diferente que en un futuro, llegado el caso, le pueda servir para formar un equipo nuevo con el que presentarse cuando en el centro se convoque concurso para la elección de director.

Y sigamos imaginando. Una de estas reuniones de trabajo tiene lugar en la Sala de Profesores. A la reunión acuden también algunos profesores y profesoras de otros centros que van a unirse a este proyecto y quieren aportar sus ideas, porque están pendientes de que se confirme su traslado, de momento provisional, al centro que nos ocupa. Pero hete aquí que se encuentra con que a la reunión (reunión, recordamos, para poner en común ideas y elaborar un proyecto de centro con el que optar a la dirección del mismo) acuden los actuales Director y Vicedirector, acompañados de dos Jefes de Esudios Adjuntos. ¿Es que van a trabajar en un proyecto que compita con el suyo propio? -se preguntan los asistentes.

Pero no, no era su intención. Primero el Vicedirector regaña por el desacato cometido, ya que estando presente el Director del Centro, no han tenido bien presentarlo a los profesores de otros centros. Inmediatamente después, el Vicedirector cuestiona que profesores de otros centros acudan a éste y sugiere el echarlos, así que no hay más remedio que defender su más que probable futuro traslado.

No, no venían a trabajar en la redacción de un proyecto que concurra a concurso junto al suyo (lo cual, por otra parte, hubiera sido tremendamente raro).  Vinieron, eso es lo triste, a no dejar trabajar; a intervenir desde el principio cuestionando, y criticando, el que haya personas descontentas con su equipo de dirección y con su trabajo.

Lástima, se sienten muy a gusto en su Sala de Profesores, pero probablemente la próxima vez tengan que cambiar el sitio de reunión, porque ellos lo que quieren es trabajar y aportar todas las ideas que tienen. Recordaron con pesadumbre la célebre frase de Voltaire: “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”.

Sólo es un cuento. Por suerte, esto no pasa en ninguno de los muchos institutos en los que he estado.


2 Responses to “Érase una vez en Torremolinos”


  1. 15/07/2010 a las 13:31

    ¡Qué cuento más bonito! Hace poco creo que viví una situación muy parecida. Todo fue tan extraño que no sé si lo viví realmente o lo soñé. Creo que fue esto último porque no me cabe en la cabeza que entre compañeros pueda incurrirse en prácticas tan poco… (pónganle un calificativo no infamante, por favor)


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