21
Sep
10

“Cuando una mujer muere no se puede hacer nada”

Ayer, por casualidad, descubrí a una poeta. Sorprende que podamos, de repente, descubrir a personas que estaban ahí esperándonos, y que no sabíamos antes que existían…

Se llama Belén Reyes, es madrileña, y casi de mi edad. Me encontré primero con su relato “Fotodrama de mujer”: “Cuando una mujer se muere tiene que seguir madrugando, fregando los cacharros, cogiendo el teléfono, sonriendo a raudales… Cuando una mujer muere no se puede hacer nada”.

Del relato pasé a los poemas, a los que he podido encontrar en la red, hasta que pueda correr a por sus libros. Ya los títulos me llaman: Ponerle un bozal al corazón, o Atrévete a olvidarme. De ella dicen que arrebata y levanta la tapa de los sesos.

Os dejo el relato, y algunos poemas, los que me han arrebatado.

fotodrama de mujer

I

Hay una mujer alta que duerme. Su cabeza está tapada con un cojín y abraza un perro de peluche. En la mesilla hay un vaso de agua, la mitad de una cápsula y una cajita verde de tapones para oídos. También hay un klinex arrugado, unas gafas y un despertador.

De pronto el despertador suena. La mujer se mueve muy despacio, aparta el cojín de su cabeza y parpadea. En su sien se aprecia una pequeña vena hinchada, la palpa con los dedos y abre los ojos; dos océanos azules se desbordan y empapan mi cuaderno…

La mujer alta piensa bajito. Hoy es jueves, 20 de junio y cumple 37 años. La mujer no sabe si es feliz o no, pero se propone hoy al menos, serlo. Mientras se ducha hace afirmaciones y de pronto, siente dentro del pecho una explosión de felicidad…La mujer alta se da cuenta que tiene ilusión en el amor, que tiene ilusión en el trabajo, que tiene ilusión por la vida, y entre el agua que le cae, vislumbra una rendija por la que se asoma un futuro luminoso.

Hay una mujer alta cepillándose los dientes por un pasillo. Las mujeres altas siempre se cepillan los dientes por el pasillo…

II

Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. Lleva gafas de sol negras y sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde. Las manos de la mujer juguetean con un pequeño papel en donde viene anotado el número de su turno.

La mujer que está sentada en la oficina del INEM piensa que aquello se parece a muchos sitios. El papel con el número de su turno es exacto al que le dan en la carnicería del supermercado. Las filas con los asientos de plástico son idénticas a las del ambulatorio. Y la mujer que está en el mostrador de información, tiene cara de decir en cualquier momento: patatas, wooper, coca-cola…

Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. La mujer sonríe interiormente, porque se imagina saludando a las paradas de los autobuses. Al fin y al cabo, ella se ha convertido en una parada más. También piensa en las paradas cardiacas y en las respiratorias…La mujer sabe que hay muchos tipos de paradas.

Hay una mujer parada sentada en una oficina del INEM, pero su corazón trabaja, su corazón no para de trabajar. Los corazones de las mujeres paradas trabajan día y noche.

Sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde con toda la documentación sobre la extinción de su contrato. En su despido alegan causas objetivas. Esto significa que la empresa no tenía medios económicos para sostener su puesto de trabajo.

También lleva una carpeta roja en el fondo de su pecho, con toda la documentación sobre su desamor. Pero aquí no hay causas objetivas. Su despido fue totalmente improcedente, porque aquel que la abandonó la sustituyó inmediatamente por otra mujer.

La mujer que está sentada en la oficina del INEM adoraba su puesto de trabajo y ha renunciado a cualquier tipo de indemnización por parte de la Empresa. La mujer también adoraba el puesto que ocupaba en el corazón de su amor, pero no ha renunciado a su indemnización por parte de la vida. Su corazón no para de trabajar. Los corazones de las mujeres enamoradas trabajan día y noche. Si es necesario, está dispuesta a demandar al mismo Dios. Porque no hay nada más injusto que una mujer abandonada. Una mujer abandonada es una mujer muerta. Y cuando una mujer muere no se puede hacer nada, ni siquiera enterrarla.

Una mujer abandonada está sentada en una oficina del INEM. Lleva gafas de sol negras, y sobre sus piernas cruzadas, reposa una carpeta verde. También lleva una carpeta roja en el fondo de su pecho.

III

Hay una mujer quieta, mirando una mesa. A la derecha un whisky, a la izquierda un cenicero. De vez en cuando levanta la vista y mira al frente. Se choca con una televisión callada, sin volumen (como ella). Al menos la televisión es en color, se suceden las imágenes salpicando tonos. Ella, la mujer, es en blanco y negro. La cubre una costra.

La mujer se levanta, llega a la nevera y saca un cartón de agua solán de cabras. Antes de cerrar la nevera mira el congelador sin puerta. Dentro, como un amasijo de nieve y plástico está su corazón. Estira su mano y lo toca con la punta del dedo índice. Piensa deprisa como un rayo: -Debería estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera.

Hay una mujer. Hay un viernes, una madrugada…Una mujer se está muriendo muy íntimamente, sin ruido. Y no se puede hacer nada. Cuando una mujer muere no se puede hacer nada, ni siquiera enterrarla. Las mujeres se mueren por el alma, los hombres por el cuerpo.

Cuando una mujer se muere tiene que seguir madrugando, fregando los cacharros, cogiendo el teléfono, sonriendo a raudales…Cuando una mujer muere no se puede hacer nada.

Hay una mujer, tronchada su mirada como un tallo. Reposa en una mesa. Se mira las manos. Se mira un anillo y se sube a un planeta, lo gira y se sube a la luna, lo vuelve a girar y se sube a una estrella.

Su vida es un anillo que gira en un dedo muerto, sin tacto.

Hay una mujer y es julio y hace calor, pero la mujer tirita. Y no hay nada que hacer. Las mujeres tienen frío dentro. Sopla la vida con su boca loca de siroco y caen. La mujeres siempre caen, pero sólo se les nota en los ojos, porque se mantienen erguidas como árboles.

Hay una mujer que piensa: – Olvidar es de cobardes, el que olvida muere o mata. La memoria es lo único que somos. Olvidar no es de mujeres ni de hombres. Olvidar no es de vivos. Olvidar es de sobrevivientes…


Hay una mujer en una cama. Una ventana abierta y una luna. Aúlla un perro y un gato le contesta. La mujer se sienta en la cama y saca sus pechos por la ventana. La mujer no puede dormir. En la cama hay un perro de peluche y un erizo sin púas, de vez en cuando los abraza.

La mujer tiene sed y se levanta, por el pasillo tropieza con el llanto. Llega a la nevera y la abre, saca un cartón de agua solán de cabras. Antes de cerrar la nevera mira el congelador sin puerta, dentro, como un amasijo de nieve y plástico está su corazón. Piensa deprisa como un rayo: -Debería estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera…

ATRÉVETE A OLVIDARME

Dispara.

Atrévete.

No me resisto.

La vida es la pistola,

el miedo es el gatillo.

Atrévete a olvidarme.

Si te pesa mi amor…

Atrévete

y dispara,

atraviésame el alma por los siglos…

Por la espalda no puedes dispararme.

Nací para mirarte…

Atrévete a olvidarme.

SÓLO SUENA TU NOMBRE

Mi cuerpo es un silencio con forma
Que respira.
Sólo te veo a ti, surges en todo.
Me pierdo en esta casa que me grita.
Voy buscando rincones escondidos
Para pensarte a brotes y que nadie
Te vea en estos ojos.
Y lloro porque quiero
Y me desata
Este nudo de sed de tu mirada.
Y lloro y me hace bien
Llorar…
Llorar contra la almohada.

Sólo suena tu nombre.
La noche se va abriendo
Como una oscura herida.
El deseo me mira como un loco
Rebuscándome entera tus caricias.
Tu cuerpo es una luz intermitente
Que me ciega y me salva de repente,
Tenerte y no tenerte.
Y lloro porque quiero
Y me desata
Este nudo de sed de tu mirada.
Y lloro y me hace bien
Llorar…
Llorar contra la almohada.

Mi deseo eres tú,
Se lo confieso
A la luna que hay en mi ventana.
Crece la noche, crece..
De tu amor inflamada.
Correría hacia ti, yo correría
Como un puñal de luz
Rasgando madrugadas.

DESNATADA

Estoy al borde de ser borde,
me lo noto.
El precipicio crece
estoy cansada.
Estoy al borde de ser borde
estoy a punto
de nieve, mucha nieve.
Estoy helada.
Estoy al borde de ser borde
y duele mucho!
Dios mío hazme mediocre.
Estoy cansada,
de apostarme la vida a cada instante,
de ir desnuda y verter
en todo el alma.
Déjame que me quede aquí en el medio,
envuelta en celofán, bien razonada.
Dame mesura Dios,
dame mesura,
mesura chapucera y cotidiana.
Hazme mediocre, Dios hazme mediocre.
En vez de corazón, una ensaimada.
Y el alma en tetrabrick para que dure…
Ten compasión
y hazme desnatada.

DEBERÍA EXISTIR ALGÚN SEGURO

Debería existir algún seguro
igual que los de vida, o los del coche,
a los de a todo riesgo.

Debería haber:
seguro de que me llama,
seguro de que siente,
seguro de que me ama,
seguro de que vuelve.

(…¿Sería un poco raro asegurar
sus manos en mi pecho,
sus ojos en mis ojos,
su voz en mi silencio…?)

Si Dios es Abogado
¡y el mejor!

Si tiene miles de oficinas en el cielo,
no sé cómo no se pone
y cualquier día
se lía a hacer seguros.
¡Fuera el miedo!

El miedo a un siniestro total
si nos chocamos,
el miedo a que se queme nuestro pecho,
el miedo a que nos roben la esperanza,
el miedo a tener miedo.
El miedo a una riada de tristeza,
el miedo a que se muera un sentimiento,
el miedo a que te den un golpe bajo,
el miedo a que te timen con un beso.
(…¿Sería un poco raro asegurar
una muerte digna,
un manantial de amor,
una galería de recuerdos…?)

Debería existir algún seguro
que cubriera todos estos riesgos.


1 Response to ““Cuando una mujer muere no se puede hacer nada””


  1. 1 ana
    21/09/2010 a las 14:41

    Impresionante relato, impresionantes los poemas.Llegan a todo corazón femenino.


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