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Septiembre en Sevilla

Decía Borges que sólo hay una cosa que no hay, el olvido.  Yo, desde luego, no he olvidado aquel septiembre en Sevilla en que vi a Borges. Creo que ninguno de los que estuvimos allí.

Hay momentos en la vida que son mágicos (hasta el aire parece especial), e incluso cuando los estás viviendo te das cuenta de que lo son… Y ni siquiera sabes muy bien por qué.  Fue en septiembre de 1984, en Sevilla.

Era la primera beca que me daban, una beca de la UIMP, que entonces siempre hacía sus cursos en Santander, pero que para éste eligió Sevilla, seguramente por Jacobo Siruela, Jesús Quintero o Carmen Romero, pero también por Borges, para quien “El sur” era “acaso mi mejor cuento” (era el sur de Buenos Aires, pero todos sabemos que el sur está en muchos lugares).

Y la beca era para el curso “Literatura Fantástica”. Gracias al cartel recuperado, podemos saber hoy las fechas exactas: del 24 al 28 de septiembre. Fueron sólo cinco días. Y yo tenía 22 años. Iba a empezar 5º de Filología Hispánica. Esperaba mucho de esos cinco días en Sevilla. Y aunque muchas veces pasa que esperas tanto de algo que acaba desilusionándote, aquí, allí, no fue así.

¿Qué pasó en Sevilla? Por supuesto, los ponentes: Torrente Ballester, Italo Calvino, y Borges… Admiraba  a Torrente por Los gozos y las sombras, por La saga/fuga de J.B. Allí, en Sevilla, se reveló un conferenciante interesantísimo y ameno (ya decía el ABC en su reseña que no necesitó la ayuda de cuartillas), y, sobre todo, un hombre cariñoso, cercano, gracioso, y hasta seductor. Yo llevaba mi ejemplar, que tenía desde COU, de La saga/fuga, y me acerqué a él para que me lo firmara. Fue una dedicatoria muy buena que ha quedado perdida en un libro prestado y no devuelto, y que decía algo así como que “para que por las noches no piense en el protagonista del libro, sino, más bien, que piense en su autor”. De Italo Calvino apenas si tengo recuerdos, era un hombre serio, quizá frío…

Y Borges… El tiempo se detuvo cuando, en el primer día del curso, las más de cuatrocientas personas que lo esperábamos (sentados, de pie, en el suelo) lo vimos llegar, y avanzar con ayuda, torpemente, en medio de las aclamaciones… Y luego, el silencio, y su voz… Borges nos hablaba mientras nos miraba sin vernos, casi dos horas de revelaciones, evocaciones, recomendaciones literarias, verdades… Y eso que para él “La literatura no consta de palabras. Todo se expresa a pesar de las palabras”. Borges se expresó con palabras, y sin ellas, como en la magnífica foto que le hicieron con Torrente Ballester y que sirvió de cartel para los cursos del año siguiente. Cuenta Rafael Suárez Plácido en su blog que fue tomada en un descanso y que Calvino no estaba porque se había ido apresuradamente al hospital o al entierro de Paquirri. Porque en medio del curso también estuvo la muerte de Paquirri, que conmocionó Sevilla aquellos días.

Y a pesar del principio con Borges, cada mañana, cada tarde, cada noche, el curso nos sorprendía con alguna maravilla. Del Hospital de los Venerables, donde tenían lugar las conferencias y mesas redondas, corríamos al cine, donde nos tenían preparadas proyecciones de películas que vi allí por primera vez: Metrópolis (tras una charla del arquitecto Juan Antonio Ramírez sobre ciudades fantásticas), La parada de los monstruos y el Nosferatu de Murnau. Y de allí nos llevaban a un concierto de guitarra, porque coincidimos con la Bienal de Flamenco, también. Y también atravesamos el Parque de María Luisa de noche para acudir al Teatro Lope de Vega, donde nos esperaba una representación de los sonetos y canciones de Shakespeare a cargo de Agustín García Calvo, “Amor contra el tiempo”, qué título… Y el director del curso, Jacobo Fitz-James Stuar, y los ponentes (además de los mencionados, también Luis Alberto de Cuenca, Carlos García Gual, Miguel García Posada y su homenaje a Cernuda) compartían con nosotros comidas y paseos, algunos residencia. Y Jesús Quintero del brazo de Carmen Romero. Y las chicas que en una semana nos hicimos amigas a muerte, aunque sabíamos que nunca volveríamos a reunirnos. Y los fotógrafos oficiales que me eligieron para un reportaje sobre el curso y me seguían a todas partes. Y el reportaje que nunca se publicó por la muerte de Paquirri. Y Sevilla de noche. Y la muerte de Paquirri.


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