03
Nov
10

“…con quien tanto quería”

Ahora que celebramos el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, me he acordado de su elegía. La elegía es un poema escrito a la muerte de alguien concreto y, al mismo tiempo, una reflexión genérica sobre el fenómeno de la muerte.

Uno de los temas literarios que más me gusta explicar es el de la elegía. El tema viene siempre de la mano de Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre. A partir de las maravillosas coplas y su anuncio de unos nuevos tiempos y del fin de una Edad Media que no volverá, vienen otras elegías famosas, que nos llevan de un salto del siglo XV al siglo XX.

Y así, el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, el poema que Lorca escribió en 1936 dedicado al torero IgnacIo Sánchez Mejías, muerto a consecuencia de una cornada recibida en !a plaza de Manzanares el 11 de agosto de 1934. Su muerte causó honda impresión en el grupo de poetas del 27, con los que el torero mantenía una estrecha amistad. Habían pasado dos años de su muerte, y parece, por el grito desgarrado de Lorca, que acabara de suceder…

¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
 

Un poco antes, a Miguel Hernández le sorprendió en Madrid la muerte de su amigo Ramón Sijé, sin tiempo para la reconciliación entre ambos. ¡Qué terrible! Y Miguel nos dejó su impresionante elegía. Todavía recuerdo la primera vez que la oí, en el colegio, recitada y cantada por Jarcha…

La muerte de Lorca inspiró a Cernuda también una bella elegía (“Por esto te mataron, porque eras / Verdor en nuestra tierra árida / Y azul en nuestro oscuro aire”), y la de Miguel Hernández inspiró a Neruda amargos versos.

Y luego, no hay que quedarse en las elegías, sino seguir a la literatura por sus caminos, y encontrar así, oh sorpresa, que la idea de Jorge Manrique sobre la muerte, la misma idea, fundamenta toda una obra como En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Al principio, para Proust “es trabajo perdido el querer evocar” el pasado. El episodio de la magdalena se lo trae de repente, el azar… Y entonces se lanza a su búsqueda: ese tiempo perdido será finalmente un “tiempo recobrado”, y  es ese tiempo pasado que siempre fue mejor.

“Y del azar depende -decía Proust- que nos encontremos con ese objeto antes de que nos llegue la muerte, o que no lo encontremos nunca”. Y, de este modo, Manrique y Proust vuelven a aparecer juntos, muchos años después, en la novela de Paul Bowles, El cielo protector, en ese idea que el protagonista de la novela tenía sobre la muerte, expuesta en un párrafo mágico de la obra que nunca me canso de citar:

“La muerte está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas las cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que es parte tan entrañable de tu ser que no puedes concebir siquiera tu vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizá ni eso. ¿Cuántas veces más mirarás salir la luna llena? Quizá veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado.”

Hasta aquí nos llevaron las elegías, de momento. Elegías como las de Jorge Manrique, Miguel Hernández y Federico García Lorca. Las tres tienen mucho en común: el anuncio de la muerte, la lamentación, el elogio del difunto, y la consolación, ya sea teológica o poética (“y recuerdo una brisa triste por los olivos”). Pero siempre he pensado que tenían algo más en común: el destino trágico de los tres poetas que las escribieron.


1 Response to ““…con quien tanto quería””


  1. 1 Francisco Moyano
    10/11/2010 a las 12:21

    Buenos días, Cristina:
    He tenido hoy la oportunidad de visitar tu blog; he sabido de él a través de Antonio Linde.
    Quiero felicitarte por el contenido tan interesanta y tan cargado de sensibilidad.
    Este artículo (teñido de reflexión) sobre la elegía en castellano, creo que es excelente.
    Los tres poetas, como observas, es cierto que se encuentran unidos por varios comunes denominadores y el destino trágico,sin duda, es el más evidente.
    Leyendo a autores de tanta profundidad y contenido vital, veo claro que siempre son
    buenos tiempos para la lírica.

    Un saludo y enhorabuena.


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