Archive for the 'música' Category

22
Ene
12

Los ángeles que quieren ver en color

“Poder ser malos alguna vez, enfrentarnos a todos los demonios de la tierra que se cruzan con las personas, pelearnos y echarlos”.

Hacía sol esta tarde de domingo, aunque yo he preferido pasarla en blanco y negro viendo de nuevo El cielo sobre Berlín. Me acordé de ella ayer, mientras escuchaba a Hilario Camacho.

Así que hoy he vuelto a encontrarme con este Berlín gris y derruido a través de los ojos de dos ángeles que no quieren ser ángeles. Porque ángeles y humanos se confunden aquí y confunden sus aparentes distancias: ¿qué es apariencia y qué es realidad? El cielo y la tierra, nuestros sueños y nuestra realidad.

Todo es así desde el principio, desde esa bella imagen en la que vemos desvanecerse las alas del ángel protagonista, Bruno Ganz.

Los ángeles no quieren ser ángeles, seres condenados a la soledad y a la incomunicación. Los ángeles quieren tener fiebre, vivir ahora y no para siempre, adivinar algo y no saberlo todo, ser salvajes, enfrentarse a los demonios, ser malos alguna vez… Maravilloso el diálogo de los dos ángeles sentados en un coche.

Y luego, como un verdadero ángel, aparece la chica resplandeciente en su trapecio. La chica, que no es un ángel, pero que tiene alas, que desea “estar con los colores”, que está sola y desolada como los ángeles… Y el ángel se enamora de ella y ya no quiere ser ángel más.

Desde pequeña, nunca entendí por qué cambiaban los títulos de las películas extranjeras por otros, normalmente estropeándolos, en vez de limitarse a traducirlos. No me gusta el título que le dieron en las versiones francesa e inglesa: Der himmel über Berlin pasó a ser Les ailes du désir y Wings of Desire. Aquí al menos triunfó el título alemán, El cielo sobre Berlín. Es mucho más poético e intemporal, y en él está Berlín como símbolo de las fronteras y la incomunicación.

Los ángeles no pueden cambiar el curso de las cosas. Los ángeles ven en blanco y negro, pero quieren ver en color. Los ángeles son seres pasivos, pero quieren sentir. Aunque sentir signifique quedarse solos, indefensos. Y por eso, porque las alas no tienen deseo, para sentir tienen que caer a la tierra. Como cae Bruno Ganz. Como cae la chica confundiendo de nuevo los papeles, rompiendo esas fronteras que nunca deberían existir. Como cayó Hilario Camacho. Los ángeles quieren morir, los ángeles quieren estar vivos.

21
Ene
12

Una pompa de jabón al viento (“y los sueños sueños son”)

Amari yoki                                              Fue un primer sueño tan bueno,

hatsu yume uso to                               Dijeron

iware keri                                               Que me lo había inventado.

                                                                                                                   Takuchi

EL libro Soledades de Antonio Machado nos habla del paso del tiempo, los sueños, la juventud perdida, sus reacciones ante la naturaleza,  la muerte…; todo relacionado con el tópico del tempus irreparabile fugit. Me quedo con este poema y esa sensación que transmite maravillosamente, la que en contadas veces experimentamos algunas mañanas al despertar…

Desgarrada la nube; el arco iris
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.
Desperté. ¿Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.
…¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris!…
¡el agua en tus cabellos!…
Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.

Hilario Camacho le puso música, parecía que Machado lo había escrito para él…

17
Jul
10

Una noche con Kurt Elling bajo “el cielo protector”

Tras una noche, la del jueves, de contenido y de choque tremendamente políticos en la asamblea de la agrupación socialista de Torremolinos, seguramente necesitaba mirar -sólo de momento, claro- hacia otro lado.

Y, así, como por casualidad, apareció Kurt Elling. Cuando el viernes al mediodía salía de Delegación tras haber entregado las notas de mi tribunal de oposiciones, recibí una llamada avisándome de su actuación esa misma noche. Fui corriendo a por las entradas. ¡Kurt Elling! El cantante de voz increíble que tantas veces había escuchado a través de sus discos. ¡Kurt Elling! El más importante vocalista de jazz del momento. ¡Kurt Elling! Mi cantante favorito.

A las 10:00 estábamos ya sentados en la segunda fila de la finca El Portón en Alhaurín de la Torre. Un sitio magnífico, bajo las estrellas, en el que apareció Kurt Elling, apenas pasadas las 10:30. Y la noche se convirtió en mágica. Salió al escenario con aspecto de ganster de una película de los 50, y sorprendió en cuanto empezaron a sonar las notas de su primer tema. Y siguió sorprendiendo hasta el final. Yo pensaba en el título de su primer disco, “Close Your Eyes”, y cerraba los ojos, porque si cierras los ojos mientras lo escuchas, ya no parece que estás en el mundo. Pero los abría enseguida, porque quería seguir viéndolo, a pocos metros de mí, bajo las estrellas, bajo ese cielo protector, como ponía en el título de esta entrada. Porque abriendo y cerrando los ojos, me acordé de esa maravillosa novela, El cielo protector, de Paul Bowles. Recordé un fragmento del que sólo me acuerdo muy pocas veces, aquéllas en las que ocurre algo mágico y extraordinario, aquéllas en que piensas, entonces, cuántas ocasiones más tendrás de vivir algo así. En el fragmento la protagonista,  sola en el desierto tras la muerte de su marido, piensa en una conversación que tuvo con él:

Había olvidado por completo la tarde de agosto, poco más de un año atrás, en que sentados en el césped, a la sombra de los arces, contemplaban la tormenta que se acercaba remontando el valle del río, y hablaron de la muerte. Y Port había dicho: “La muerte está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas las cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que es parte tan entrañable de tu ser que no puedes concebir siquiera tu vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizá ni eso. ¿Cuántas veces más mirarás salir la luna llena? Quizá veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado.”

¿Cuántas veces más recordaré esta noche? Aquí dejo algunas imágenes del concierto y dos momentos de su actuación, para poder recordarla muchas veces. Siempre me quedará mi foto con Kurt Elling. Hoy toca volver a la realidad.




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