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08
Oct
11

“Manantiales de Solidaridad”

Nos hemos presentado a los “Premios IRENE: La paz empieza en casa”, convocados por el Ministerio de Educación,  y en los que se premian experiencias educativas y trabajos innovadores que contribuyan a prevenir y erradicar las conductas violentas y a promover la igualdad y la cultura de la paz.

El proyecto, realizado por un equipo de profesores del IES “Los Manantiales” entre los que me incluyo, se denomina “Manantiales de Solidaridad” y engloba dos actividades que tienen como tema central la mujer: una, la puesta en marcha y representación de la obra teatral “Black & White”; la otra, un calendario. En ambas han participado todos los miembros de nuestra comunidad educativa: profesores, padres y madres, alumnos, conserjes, administrativos…

Aquí tenemos el vídeo de presentación del proyecto, realizado por nuestros artistas Paco Mohedano y Nico Martínez, y conducido maravillosamente por una de las actrices de “Black & White”, la Pallarés, como todos la llamamos ya.

Ahora sólo toca esperar el fallo.

SE ACABÓ EL DISCURSO. ¡TODOS PREPARADOS PARA EL BAILE!

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15
Ago
11

“Never let me go”

Ayer terminé de leer Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro. Pero todavía hoy no puedo pensar en nada más. No es como cuando ves una película, o lees un libro, y y te hinchas de llorar, pero al poco de levantarte del sillón o de la butaca, ya estás lejos de ello, en tu vida. A veces bastan unos minutos, a veces unas horas… Pero nada más.

Si consideramos que mis dos grandes pasiones, desde hace muchísimos años, son el cine y la literatura, y que, por tanto, habré visto muchas pelis y leído muchos libros, y entre ellos y ellas muchas maravillas), resulta que me doy cuenta de que muy pocas veces se siente un impacto tan grande, que te hace darle vueltas y más vueltas, sin solución, a tu lugar en el mundo. Y menos mal.

A pesar del título, no es una novela de amor. Y ya que hablamos del título, me gusta mucho más el original, Never let me go, “no me dejes ir”. Es un pequeño matiz el que marca la diferencia: no me dejes ir, no me dejes ir… Pero dejamos ir cosas muy importantes, sin pensar que se van y se van, que nada va a volver, que ni siquiera hay tiempo para que vuelvan.

Lo siento, esta entrada no va a ser muy alegre. Y no puedo contar la novela, por supuesto. No quiero contar nada de ella. Sólo que está maravillosamente escrita, que es lo que sucede cuando una forma es la única que puede ir con un determinado contenido. Y que es muy triste, sobre todo por lo que no se cuenta, o por lo que está en el contenido pero no en la forma. Que el relato es frío y cruel, pero el frío está de esté lado. Y que sigue contigo cuando la has terminado, que seguirá siempre, porque yo puedo ser Kath, o Ruth, o incluso Tommy; porque vivimos, estudiamos mucho, intentamos hacer cosas maravillosas, luchamos, nos preocupamos, nos enfadamos, nos decimos adiós, nos enamoramos… ¿Nos rebelamos acaso nosotros (¿y de qué?) ?, ¿nos preguntamos para qué o por qué? ¿Qué nos queda de todo?

Y al terminar el libro, me he acordado de una película, basada en un relato de Annie Proulx -de nuevo cine y literatura-, que tuvo para mí el mismo efecto cuando la vi (y cuando leí el relato, después; y cuando lo he releído hoy):  Brokeback Mountain, de Ang Lee. La vi hace un par de años, estuve varias semanas trastornada, y aún siento lo mismo hoy cuando pienso en ella, en la triste y sin sentido historia de amor. Porque está sí es una historia de amor. Y es curioso que parezca que Nunca me abandones y Brokeback Mountain son completamente diferentes, y que, sin embargo, sean lo mismo, te digan lo mismo: el tiempo perdido, que nunca se va a recuperar; la vida tan corta, tan corta; el sinsentido de la vida y, aun así, el desperdiciarla; todo lo que pierdes en el camino y, aunque te das cuenta, dejas que se pierda… En Brokeback Mountain esto lo sufrimos con los personajes y su historia de amor, del amor que fue y del que no dejaron que fuera; en Nunca me abandones olvidamos el amor, aunque lo hay, y nos quedamos con la vida. En ambas, hay un objeto que acompaña a los protagonistas: las camisas con sangre en Brokeback Mountain y la cinta de música en Nunca me abandones (por cierto, ésta tiene también adaptación cinematográfica, aunque resulta decepcionante después de haber leído el libro. Sin embargo, merece la pena en ella ver la cinta de Judy Bridgewater, y oír la canción).  En ambas, están los recuerdos; en ambas hay un personaje solo, al final de su historia, solo y con sus recuerdos, sin más. Y sin otro sentido que el de seguir hasta el fin. Es curioso, también, como me parece que coinciden el final de la novela de Kazuo Ishiguro y el final del relato de Annie Proulx, porque no hay más final que el que hay: uno, un sueño; otro, una fantasía. Y los puedo poner aquí ambos sin desvelar nada a los lectores.

Brokeback Mountain (En terreno vedado): “Por aquella época Jack empezó a aparecérsele en sueños, Jack tal como lo había visto la primera vez, la cabeza cubierta de rizos, sonriente, los dientes saltones (…) Y a veces Ennis se despertaba apesadumbrado, y otras con la antigua sensación de dicha y liberación; la almohada estaba a veces húmeda, otras veces las sábanas. Había un espacio abierto entre lo que sabía y lo que trataba de creer, pero sobre eso no podía hacer nada, y cuando algo no tiene remedio, hay que fastidiarse”.

Nunca me abandones: “La fantasía no pasó de ahí –no permití que fuera más lejos–, y aunque las lágrimas me caían por las mejillas, no estaba sollozando abiertamente ni había perdido el dominio de mí misma. Aguardé un poco, y volví al coche, y me alejé en él hacia dondequiera que me estuviera dirigiendo.”

Hacia dondequiera que me estuviera dirigiendo…  N E V E R   L E T   M E   G O .  .  .

01
Ago
11

“Making of Black & White”, por Cristina Cortázar

27
Jul
11

“Black & White” de la compañía de teatro “Neuquen”. El escenario quedó vacío

Sí. Brotó la compañía. Y nació “Black & White”. La compañía ya tiene nombre: “Neuquen”. El estreno fue el 18 de junio. Otras cuatro funciones después, y la grabación de la obra toda una tarde. Ahora es julio, estamos de descanso, pero nos falta el teatro, la compañía.

“Black & White”, en palabras de nuestro director, Pedro Castañeda, es la puesta en escena de una experiencia teatral, que, partiendo de lo que empezó como un seminario de dramatización y dinámica grupal, ha ido preparando, con actores y actrices noveles, una miscelánea de textos, bien diversos, cuyo denominador común es el difícil equilibrio de las relaciones humanas y, sobre todo, la discriminación que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia. A partir de textos originales de Maldiochi, Miralles y Jean Genet, hemos desarrollado un guión de seis actos cuyo hilo vertebrador es la incomunicación y las complejas relaciones de las personas. En un “crescendo” escénico, cada acto se va acercando a las tensiones humanas, desde la comicidad, la sátira, el humor negro, la ironía o el drama, hasta llegar al esbozo de un “teatro pánico”.

Si la metáfora que ondea sobre toda la obra es la irremediable soledad, el conflicto y el desequilibrio irreconciliable entre ideas, emociones, deseos y cuerpos, era necesario que la puesta en escena jugara, con sobriedad, con la oposición entre el blanco y el negro; con la tensión complementaria entre las luces y las sombras. Así, el fondo de la iconografía escénica es una alegoría al famoso arquetipo del Guernica. Esa pintura no sólo fue la exposición de los horrores de una guerra, sino también la exhibición de los complicados y profundos conflictos amorosos, percibidos por el inconsciente del autor.

Ese seminario de dramatización y dinámica grupal ha sido fundamental para todos nosotros. En él aprendimos a actuar, por supuesto (éramos mucho peores al principio), pero aprendimos muchas otras cosas: aprendimos a querernos, a nosotros y a los otros, con nuestros defectos y nuestras virtudes; aprendimos a llorar, y a llorar delante de los otros; aprendimos a dar cariño a los que lo necesitaban, y, sobre todo, a pedirlo y recibirlo cuando lo necesitábamos; aprendimos a no tener vergüenza, a ser felices… Y el director, mientras nos enseñaba todo esto, nos observaba, nos psicoanalizaba, y nos supo así dar a cada uno el papel con el que luego brillaríamos. Y nosotros confiamos en él, y nos alegramos ahora, porque cuando en marzo nos repartió los papeles, creo recordar que ninguno estaba contento, que todos protestábamos. Pero los papeles eran para cada uno de nosotros, y nosotros, con su ayuda, los hicimos nuestros. A Maribel, a Rosa y a mí nos entregó antes de Semana Blanca “Las criadas” de Jean Genet: “leéroslo”, nos dijo sin más indicaciones. Nos lo leímos, sí, y volvimos al instituto confusas y protestando. ¿Cómo pudimos protestar de un texto que estaba escrito para nosotras, que nos uniría a las tres ya para siempre?

Los ensayos se multiplicaron hasta el día del estreno, y con él llegaron los aplausos, y las sorpresas al oír las risas del público donde nunca las pensamos, al sentir su emoción, al oír las ovaciones, las felicitaciones, al ver desde las bambalinas, día tras día, la sala llena y a todos los que iban entrando, compañeros, amigos, desconocidos, cámaras de televisión…

Y vinieron las críticas, incluso: “Un gran esfuerzo y un espléndido resultado. Bien el guión y los mensajes. Magnifica labor del director y de los actores que conseguís un equilibrio difícil incluso en compañías profesionales. La escenografía sencilla pero original y muy coordinada con cada pieza (Guernica). Enhorabuena a todos/as (Juan Tomás Luengo, “La Tribuna de Torremolinos”); “Una escenografía austera, simple pero esencial, en contraposición y al mismo tiempo perfecta simbiosis con lo que allí se representaría. El negro y el blanco, como reza el título, representan las posiciones antagónicas de la obra. Diferentes actos que tienen su punto de partida en el Paraíso, con unos Adán y Eva muy especiales que bordan un diálogo por momentos hilarantes pero que sirven de hilo conductor al resto de actos, en los que la comunicación y las complicadísimas relaciones personales conforman el eje esencial de esta idea. Con especial atención al papel femenino, siempre en una situación compleja que, según van sucediéndose los actos, alcanza la tragedia en el penúltimo acto. Pero también hay lugar para el humor y la ironía en este conjunto de escenas, todo ello perfectamente enmarcado con el trasfondo muy acertadamente escenificado en el cuadro del Guernica que, como bien saben, es una de las máximas expresiones pictóricas del drama humano. Excepcional el trabajo de los diez actores, de verdad, ya que se trata de personas que no se dedican a este complicado arte de actuar por lo que la dificultad es aún mayor. Les puedo asegurar que  lo que escenifican no es nada sencillo” (José Antonio Moreno Sánchez, “Black & White, de la compañía de teatro Neuquen”).

Llegó julio. El escenario quedó vacío. Pero no será por mucho tiempo. Como dice nuestro director, el año que viene será el año del crack. Mis compañeros se rieron cuando dije en el periódico que nos iríamos de gira. Pero inevitablemente nos vamos, y a partir de otoño llevaremos “Black & White” por teatros de Málaga y Andalucía. Y a la vez empezaremos el nuevo proyecto, que Pedro ya tiene en mente y en papel, y que será impresionante, pero del que todavía no adelanto nada. Y el evento “Farándula 2012”, una semana dedicada a homenajear al mundo del teatro y del espectáculo, con “artistas invitados”, que convertirá nuestro instituto en un festival de comediantes.

Porque nuestro escenario nunca estará vacío…

21
Mar
11

“y brotó la compañía”

“Pasan lentos los días / y muchas veces estuvimos solos. / Pero luego hay momentos felices / para dejarse ser en amistad. / Mirad: somos nosotros. / Un destino condujo diestramente / las horas, y brotó la compañía”.

Ahora voy comprendiendo cada vez mejor por qué me gustó tanto, hace años, aquella película de Kenneth Branagh, En lo más crudo del crudo invierno. En ella, un actor en paro decide abordar el proyecto de su vida, el montaje de una representación teatral de su obra favorita, Hamlet. La película se centra en las tres semanas de preparación de la obra, las tres semanas de ensayo previas al estreno, y en ellas asistimos a sus dramas, a los problemas familiares que arrastran los personajes, y, sobre todo, a las relaciones de amistad que surgen entre ellos y que van creando un sentimiento de familia que impregna poco a poco a la compañía.

Em el IES “Los Manantiales” (siempre nuestro IES) también estamos montando una obra. No nos dirige un actor en paro (quizá sí un actor en abandono); nos dirige un profesor del centro… Bueno, el que pensábamos un profesor del centro, y que de repente, ya en el primer ensayo, se transformó ante nosotros en el director y actor profesional que siempre había sido, sin que ninguno nos hubiéramos dado cuenta.

Y lo que empezó como un juego, como una diversión, se convirtió, casi sin querer, en la vida.

El grupo lo formamos profesores y padres y madres de alumnos. Muchos, a pesar del día a día, casi desconocidos. Y sin embargo, semana tras semana, como los personajes de la película, hemos ido descubriendo bajo la mano maestra del director nuestros pequeños y grandes dramas. Y nos hemos cogido cariño, mucho. Y hemos recuperado a amigos perdidos por el trasiego de los días. Nuestro director lo ha conseguido, que seamos, por encima de todo, un grupo, una compañía; que nos unan la creación artística y la pasión por actuar, claro que sí, pero que sobre todo nos unan muchas otras cosas, en su mayoría intangibles.

Los otros, los que no están en el grupo nos miran quizás con recelo. No nos extrañamos. Debe de resultar muy raro vernos salir de un ensayo con los ojos hinchados y enrojecidos, sonándonos la nariz, con la cara pálida y descompuesta… Y felices. Y generalmente riendo y haciendo comentarios como “Nos hemos hartado de llorar. ¡Qué bien nos lo hemos pasado!”. Y cuando, en medio de las clases o de las reuniones nos cruzamos por un pasillo, siempre llueven sonrisas tímidas, o besos, o miradas cómplices.

La realidad es que no nos apuntamos al teatro para esto, pero ahora no podríamos vivir sin esto. “Volver, pasados los años, hacia la felicidad”, que dijo Gil de Biedma.

Y luego está la obra, que no es una obra al uso, es el montaje del director. Y viniendo de él, y de lo que está consiguiendo de nosotros, ya ninguno duda que va a ser un espectáculo impactante. Será a final de curso, y estamos dispuestos a irnos de gira, tras nuestro paso por el Salón de Actos del instituto.

Ya estamos pensando en nuestro próximo proyecto. Lo que está claro es que, como los personajes de la película de Kenneth Branagh, ya no somos los mismos.

12
Ene
11

¿Por un pasado que murió?

La Navidad, dos películas de un mismo director, separadas por años y argumentos, pero unidas, quizás…

Cuando vi El día de la bestia, de Álex de la Iglesia, me pareció, en primer lugar, que era una película que había que ver en Navidad, sin duda, y además en una tarde o noche de tormenta… Tormentosa y navideña era la noche en que la vi. Y antes de entrar al cine no pensaba que me iba a gustar, ni que me iba a gustar tanto. Quizá es que no hacía muchos años que había aprobado mis oposiciones y aún tenía en la cabeza uno de mis temas favoritos, el Quijote.

Y así, en cuanto el sacerdote protagonista (Álex Angulo) se une al heavy vendedor de discos (Santiago Segura), los vi allí inmediatamente: Don Quijote y Sancho Panza. Un don Quijote loco que cree haber encontrado el mensaje secreto del Apocalipsis, el nacimiento del Anticristo que él tiene que impedir a toda costa. Para desfacer tal entuerto, cometerá él otros muchos, y muchos y él mismo saldrán malparados. Pero don Quijote no sabía estar solo, y nuestro protagonista tampoco, así que tendremos a nuestro Sancha Panza, un personaje inocente que al principio reconoce, como todos los Sanchos, la locura de su señor, pero que acaba creyéndola sin condiciones. Y así la película avanza como avanza la novela de Cervantes, y aparecen personajes que no creen en él, pero le siguen la corriente, como el famoso, y falso, presentador de un programa de televisión de ciencias ocultas.

Don Quijote murió, y murió solo, porque no era capaz de vivir sin Sancho Panza, de vivir sin su delirio. Porque, antes, había perdido su maravillosa locura, y cuanto más cuerdo se volvía él, más convencido de sus fantasías estaba Sancho. A don Quijote ya sólo le quedaba morir, y es un final triste… Como triste es el final de El día de la bestia, cuando vemos a un incrédulo Quijote / Álex Angulo que ha perdido a su Sancho y a su fe, que se ha encontrado de lleno con la maldad humana, ese grupo extremista violento bajo el lema de “Limpia Madrid”. Cuando todos deseamos que mejor que exista Satán… Pero no.

También me parece que Balada triste de trompeta es una película navideña, aunque no transcurra, como la otra, en Navidad. Puede que sea porque hace frío, y la protagonista tenga que cubrir su traje de artista con una gabardina mientras huye por las calles de Madrid; o puede que sea porque es 1973 y muchos de los recuerdos que tengo de aquel tiempo, como Raphael, son navideños; o por el circo, o por la guerra, o porque cuando terminó la película me dieron muchas ganas de aplaudir…

Pero es mucho más que una película navideña. Es, sobre todo, y aunque parezca el tema de fondo, una película sobre nuestro pasado, sobre la guerra civil. Es la mejor película sobre la guerra civil. Ya los títulos de crédito, que te dejan pegado a la butaca e inevitablemente hipnotizado, te ponen de repente frente a tu pasado, te llevan a tu infancia, a la España negra, en esa sucesión rapidísima de imágenes, algunas terroríficas, otras en apariencia pueriles, que descubrimos aún en nuestra memoria.

Y todo pasa en un circo, porque los circos siempre han sido tristes, siempre han dejado ver a través de ellos la miseria. Y, allí, en el circo, está España, la España de los payasos tristes, los vencidos, y la España de los payasos graciosos (y violentos), los vencedores. Allí está la transición. Allí está la venganza. Y allí hasta te explicas el atentado de Carrero Blanco. Y ahí te explicas también, aunque no aparezcan, los grupos extremistas del Madrid de El día de la bestia. Y por eso decía, al principio, que algo une a estas dos películas tan diferentes.

Me quedo con la interpretación de la canción, la “Balada triste de trompeta”, que hace un Raphael disfrazado de payaso que define así toda una época. Al ver la película me acordé de otra, “La parada de los monstruos”, pero ahora el horror no era algo lejano.

28
Dic
10

¿Qué recuerdas de tu Navidad?

Hace muchos años (no sé cuántos, pero deben ser muchos porque aún daba clases en COU en lugar de en 2º de Bachillerato) el periódico Sur de Málaga publicó un cuento de Ray Loriga, “Navidades Todoterreno”. Entonces no existían los periódicos digitales, así que recorté el cuento (todavía andará por alguna carpeta), lo fotocopié, y se lo pasé a mis alumnos. Hice lo mismo durante muchas navidades, en esos últimos días de clase antes de las vacaciones: primero, leíamos el cuento y, luego, cada uno tenía que escribir una redacción sobre lo que recordaba de las Navidades de su infancia. Aquí está el cuento:

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“Navidades Todoterreno”

Ray Loriga

Las Navidades se parecen unas a otras como los batines que llevaban Marlon Brando y el amante de su difunta esposa en El último tango en París. Mi padre trataba de vender el coche, mi hermano llevaba dos meses sin salir de su habitación, mi hermana tenía un novio, no un novio normal, un novio imbécil, mi madre no quería que mi padre vendiera el coche porque sabía que después se compraría un coche más caro y no teníamos dinero para eso. No teníamos dinero para casi nada, en realidad. Mi padre había conocido a  un uruguayo en el centro comercial, el uruguayo traía coches de América y los vendía muy baratos, eso decía él y eso decía también mi padre, pero a mi madre no le parecían nada baratos. Eran coches grandes, con ruedas inmensas como esos todoterreno que salen en las películas. Mi padre llevaba una foto en la cartera. La sacaba y decía: éste es mi coche. Estaba más orgulloso del coche que no tenía que de todo lo demás. No llevaba fotos nuestras ni de mamá en la cartera, llevaba sólo la foto de ese gigantesco todoterreno americano. La sacaba todo el tiempo y decía: éste es mi coche.

A mí me parecía bien, lo de la foto digo, no veo por qué tiene uno que llevar fotos de su familia en la cartera. No me gusta la idea. Mi abuela decía que a menudo la gente se emociona más con las fotos de su familia que con su familia en persona. Mi abuela era muy lista pero ya se ha muerto. Da igual lo listo que uno sea porque al final te mueres y se acabó. Por eso me parecía bien que mi padre quisiera tener un coche tan grande porque uno se muere más contento si en esta vida ha conseguido algo de lo que quería.

A mi hermana le volvían loca los indios. Quería que un indio la raptase y la llevase muy lejos. Quería pescar salmones con lanza y cazar bisontes con un cuchillo y comer serpientes en rodajas y leer nubes de humo como quien lee el periódico. No tuvo suerte. En la lista de los diez hombres más grandes de todos los tiempos que escribió su novio aparecía tres veces el general Custer. El novio de mi hermana quería ser militar, estudiaba para militar, su padre era militar y el padre de su padre también, y el padre del padre de su padre. Sólo su familia había matado más gente que el cáncer de pulmón. Estaba muy orgulloso de ello. A mi madre no le gustaba nada el novio de mi hermana, pero le gustaba menos aún el futuro coche de mi padre.

Mi hermano seguía encerrado y hacía bien. Mi madre gritaba todo el tiempo y era mejor que no te pillase por el pasillo. Mi padre también quería gritar pero se quedaba afónico enseguida. Mi madre ha sido actriz y sabe cómo gritar sin destrozarse las cuerdas vocales. Ella lo llama proyectar la voz. Mi padre no sabe proyectar la voz y si grita un día tiene que quedarse callado los dos días siguientes. Se pasea por la casa como un fantasma con su foto metida en el bolsillo.

Así que hace frío y el novio de mi hermana dentro de nada tendrá su propia pistola y mi padre no consigue vender el coche viejo y mi madre cada día está más lejos de sus sueños, que no sabemos cuáles son porque ella no tiene foto y yo no acabo de entender por qué tener una familia es mejor que no tenerla.

Mi madre dice:

-Todos a la mesa.

Mi hermano sale de su cuarto, mi hermana y su novio, el asesino de indios, ayudan a traer desde la cocina un animal muerto del tamaño del portaviones Saratoga.  El Saratoga era ese que después del ataque a Pearl Harbour sólo podía navegar en círculos. Mi padre se sienta sin decir nada al extremo de la mesa. No está afónico. Hace un par de días que no grita, en realidad hace un par de días que no habla, ni enseña su foto, ni nada.  Nos zampamos el Saratoga y un montón de cosas más, todas muy ricas, que mi madre había preparado sin que nadie le echase una mano como pasa siempre con las madres que eran actrices o cualquier otra cosa y acaban cuidando de un montón de desagradecidos que o no salen de su cuarto o se casan con nazis o escriben cuentos muchos años más tarde ridiculizando a su propia familia. Después del postre bebimos champaña que en realidad era cava y luego mi madre le pidió a mi padre que dijera algo.

Mi padre se levantó y sacó la cartera.

– Hace tres días detuvieron a mi amigo el uruguayo por presunta estafa. Va a pasar las Navidades en la cárcel mientras preparan la deportación. No hay uruguayo, no hay coche. Espero que estéis todos contentos.

Entonces rompió la foto. La iba a romper en muchos trocitos pero se arrepintió y la rompió sólo en dos. Luego cogió los dos pedazos y se los volvió a guardar en la cartera. Se fue de la mesa, cogió su abrigo, salió a la calle y le vimos alejarse en su coche viejo.

A los veinte minutos ya estaba de vuelta.

Nosotros no estábamos nada contentos.

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Recuerdo lo que uno de esos años escribió una alumna extranjera: para ella la Navidad de su infancia estaba en su país de origen, muy al norte de Europa, y eran las flores de hielo que cada mañana, mágicamente, aparecían en los cristales de sus ventanas. De entonces me viene a mí la fascinación por las escarchas y los copos de nieve, una fascinación que más tarde encontré en Orhan Pamuk (hoy también lo recordé a él; ¿será por eso que escribo esta entrada?), aunque eso es otra historia.

Yo también, al leer el cuento, pensé en las Navidades de mi infancia… Para mí las Navidades eran el collar de perlas que se ponía mi madre cada Nochebuena, y el mantel bordado por ella para su ajuar que poníamos en la mesa; porque la Nochebuena siempre la pasábamos en nuestra casa, y allí acudían, según los años, mi abuela, mi tío Agustín o mi tía Eduarda. Eran el villancico de “Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad…” que pasábamos  todo el día 24 cantando hasta la hora de la cena. Y eran la serpentina y los confetis que tirábamos por todo el salón en Nochevieja después de las uvas, y cómo me maravillaba que mi madre nos dejara ese desorden sin que pareciera importarle nada. Eran los regalos que el día de Reyes encontrábamos inexplicablemente a los pies de nuestras camas, no bajo el árbol, como se dejan ahora. Eran los discos de villancicos que nos ponía mi padre, como éste de Rocío Dúrcal, y eran los adornos navideños, los mismos cada año, como los que vemos en la imagen… Y, curiosamente, todos esos recuerdos no están en la casa en la que viví desde los 6 años y en la que viven mis padres todavía, sino en la casa en la que vivimos antes…

Y tú, ¿qué recuerdas de tu Navidad?




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